Si echa la memoria lo más atrás posible, el enólogo Cristóbal Undurraga (48) se ve niño, de unos 5 o 6 años, en las bodegas de la viña que lleva su apellido y que su familia manejó por varias generaciones desde su fundación en 1885. “Las bodegas de vino siempre para mí tuvieron una cuota de misterio, de silencio. Éstas, ubicadas en Talagante, eran subterráneas, llenas de barricas, con esos aromas tan especiales medios de cuero, de madera, de vino. Me…