He probado el vegano más ‘instagrameado’ de Madrid y me he comido mis prejuicios
Fui sin fe. Lo admito. Los veganos me aburren. No comulgo con el dogma de mi vecino: “De lo que come el grillo, poquillo”. Me gusta lo sano, sí. Pero no el pasto. Así que entré resignada, con el gesto torcido, esperando platos coloridos de tamaño ridículo y la estocada final en la cuenta. Subí las escaleras y —sorpresa— me miraron a la cara. En los restaurantes de moda eso no pasa: miran pantallas, no personas.
Quería descubrir por qué este lugar está recomendado…